Las instalaciones de la antigua batería de artillería del Ejército de «Paloma Baja», en Tarifa (Cádiz), ya abandonadas, se convertirán en un centro europeo para la observación de aves y estudiar los efectos del cambio climático en las migraciones. La Fundación Migres, que preside el investigador Miguel Ferrer, será la encargada de gestionar el observatorio.
Migres sólo se encuentra a la espera de que el Ministerio de Defensa plasme en un convenio la cesión de los edificios. De hecho, de la titular de ese departamento, Carme Chacón, durante su reciente visita a Jerez, la que avanzó que el litoral gaditano acogerá el observatorio europeo.
El enclave preferido por la Fundación Migres es la antigua batería de «Paloma Baja», en Tarifa, dedicada durante años a la defensa de la costa. «Ésa fue nuestra propuesta y únicamente nos queda recibir la confirmación oficial», señaló Ferrer a ABC. En la actualidad Migres desarrolla su labor en «Huerta Grande», una casa cedida por el Ayuntamiento de Algeciras, que se ha quedado pequeña.
Una de las actividades más sobresaliente que promueve esta entidad es el Congreso sobre Migración de Aves y Cambio Climático, que en su segunda edición recientemente se celebró en Algeciras con la participación de 200 científicos de 25 países.
Conclusiones
Las conclusiones serán debatidas, y en su caso aprobadas, por el Grupo de Expertos en Biodiversidad y Cambio Climático del Consejo de Europa, al que Miguel Ferrer en representación de España, en la reunión que se celebrará en Reykjavik (Islandia) en junio.
«Para mí lo más llamativo de las conclusiones -resaltó el presidente de Migres- es que a largo plazo podemos tener una disminución del paso migratorio de las aves por el Estrecho de Gibraltar dependiendo del tipo de evolución del Sáhara».
Explicó Ferrer que si el desierto crece en longitud por los efectos del cambio climático, aumentará la mortandad de aves. Si por el contrario «se mueve» hacia el norte, por un incremento de las lluvias en el sur, la consecuencia en las migraciones no será tan perniciosa.
El Sáhara, asegura, «es un territorio absolutamente inhóspito para las aves, y la mayor parte de las migratorias son transaharianas. Son muchos kilómetros sin comida ni agua y sin posibilidad de protegerse del sol. Si el Sáhara crece, el porcentaje de aves que muera intentándolo cruzar será más numeroso. Y a medio plazo el número de aves que cruzará por Israel será mayor que el que pasa por el Estrecho».
Otro dato llamativo de las conclusiones es que «posiblemente estemos afectando a procesos de generación de especies, «la velocidad con la que se fabrican pájaros nuevos». Según Ferrer, al diminuir las migraciones de larga distancia «podemos estar afectando a la posibilidad de generación de nuevas especies de aves en el futuro».
Igualmente, en función de las investigaciones llevadas a cabo por los investigadores, «los cambios en el comportamiento y distribución de las poblaciones de aves que antes ocurrían en el espacio de siglos, suceden ahora en periodos de décadas», lo que pone de manifiesto la aceleración del cambio climático que se está produciendo.